29 de enero de 2011

Las dictaduras son imprevisibles


El pueblo egipcio quiere acabar con el régimen de Mubarak. A estas alturas de las protestas, esa frase no es exagerada. No hay un grupo o partido que organice el movimiento. Las imágenes muestran a gente de todas las edades y condiciones. Desde la madrugada del jueves, no hay internet y la gente sale aún a la calle. No hay coordinación. Egipto quiere cambiar de gobierno y no pueden decirlo en las urnas. Hay que decirlo en la calle. La consistencia de las protestas es indudable. Egipto ya no será igual.

Desde anoche, el ejército está al mando del orden y permite las manifestaciones. Ayer hubo enfrentamientos severos con la policía. Hoy El Cairo parece una fiesta. La duda más urgente es qué hará el ejército con el toque de queda. A esta hora, ya se ve que es logísticamente imposible imponerlo. Hay miles de personas en la calle y la actitud del ejército es pacífica.

Si el ejército se dedica solo a prevenir saqueos y a cumplir una seguridad mínima, ¿permitirá más y más protestas? Los egipcios han dejado claro que solo quieren una cosa: el final del régimen. Mubarak ofreció en un discurso anoche la dimisión del gobierno, que ya se ha cumplido. No es suficiente.

El siguiente paso es la dimisión de Mubarak. Todo apunta a que no será tan fácil de conseguir como la de Ben Ali en Túnez. Si hay alguien que podría empujar es el presidente Obama. Por ahora, no está por la labor. Parece que la presión americana habría frenado una represión sangrienta. Pero en sus variadas declaraciones, Estados Unidos ha dejado claro que prefiere que Mubarak siga e imponga reformas.

Egipto no es Túnez por tres motivos. Uno, es el mejor aliado de Israel en la región. Dos, controla el canal de Suez, por donde pasa mucho petróleo. Tres, si hubiera elecciones libres podrían ganar los Hermanos Musulmanes y crear, quizá, un país con simpatías hacia Irán. Sería una situación inestable. Israel viviría nervioso. Además, no hay que olvidar que la salida de Mubarak no implica democracia libre y firme.

Así que Estados Unidos camina por una cuerda fina: debe defender a su aliado sin renegar de la democracia. Es difícil. El gobierno americano podría cambiar su estrategia, pero no se hace en dos días. Por lo que se ha visto hasta ahora, no se han preparado bien. En Egipto había elecciones en septiembre. Un posible candidato era Gamal, el hijo de Hosni Mubarak. Hubiera mantenido el estado de las cosas quizá por alguna década más. Pero no ha sido así. Las dictaduras tienen estas cosas. Son más imprevisibles que las democracias.