Más de treinta años dedicado a la música y con un total de veintidós discos grabados, Chayanne es ya uno de los artistas internacionales más prestigiosos del panorama musical y su fama no conoce fronteras.
Su último disco, "No hay imposibles", ha conseguido en tan sólo unos meses un éxito abrumador, pues ha superado las 600.000 copias vendidas en todo el mundo, y se encuentra ya entre los cinco primeros en la lista de los más vendidos en España.
"Estoy muy feliz de haber tenido un éxito semejante, en mi trabajo, luchas constantemente por recibir ese apoyo, y cuando lo tienes, te sientes muy agradecido", explica en una entrevista con EFE.
Pero, más allá del idolatrado Chayanne, del salsero puertorriqueño capaz de provocar en el público ese movimiento de caderas con tan sólo escuchar sus ritmos, es ante todo una persona sencilla, humilde, que día a día se esfuerza por compaginar su trabajo con su vida familiar, sus dos mayores tesoros.
Chayanne, un hombre felizmente casado
"Tengo una familia bellísima, siento que divido a partes iguales mi vida entre la familia y el trabajo. Cuando estoy de gira, intento mantener la comunicación por teléfono o por Skype. Estamos ante una carrera que exige mucho tiempo, y a veces hay ausencias prolongadas, pero intento siempre mantener un balance", comenta.
Felizmente casado con la abogada venezolana Marilisa Maronese y padre de dos hijos, Isadora y Lorenzo, Chayanne reconoce estar encantado de ser padre y comprender ahora cómo es el verdadero amor paternal.
"Ser padre me ha hecho entender el amor que sentían mis padres hacia mí, antes ya lo sabía, pero bueno, al tener hijos es distinto, sientes un amor que es desbordante, es algo inexplicable", comenta.
Aficionado a los deportes, confiesa que en sus días de descanso, en los que se mantiene alejado del ajetreo de las giras y de las ruedas de prensa, aprovecha su tiempo libre para escaparse y disfrutar de la playa, del mar y del sol, que tanto le relajan.
"La verdad es que me gustaría hacer muchas cosas y tengo poco tiempo libre, pero siempre intento aprovechar el que tengo para disfrutar de la vida, de la casa, de mi familia, de la playa, de una buena comida... de todo lo cotidiano", explica.
Amante incondicional de la música, a la que considera su mayor pasión, el ritmo salsero siempre ha corrido por sus venas, incluso ya de muy pequeño.
Desde que comenzara a tocar con tan sólo 10 años en su grupo "Los Chicos", su vida ha cambiado enormemente, cientos de conciertos a sus espaldas y un éxito indiscutible demuestran que ya no es el niño que era, aunque para él es como si no hubiera pasado el tiempo.
"En mi mente, eso fue ayer. Lo recuerdo con mucho cariño, pero sobre todo, como un comienzo, ese fue el comienzo de lo que soy ahora", admite.
